
Lo confieso. Disfruto construyendo accesorios y telescopios. Uno empieza cuando no tiene ni un duro y 13 años a montarse cacharros, a hacerlo para los amiguetes, para los amigos de los amiguetes y cuando te das cuenta estás montando un Observatorio en una Universidad. Dado que todos eramos unos aficionados, nos jugamos a la pajita más larga quien se hacía cargo de la construcción oficial y me tocó a mí. Eso era por allá 1985, 20 años ya. Desde entonces ha sido un continuo bregar, intentar compaginar la afición con el oficio, las más de las veces como pluriempleo para no tener que entrar en mercantileos no deseados. Al final, de aquí han salido desde observatorios para instalaciones profesionales hasta acoplamientos ínfimos y han entrado centenares de nuevos amigos. También esta actividad entendida casi de forma bohemia me ha proporcionado la posibilidad de meter cuchara en lugares que no soñaría, creando museos,viajando para documentar actividades arqueológicas, investigando...Cada vez más descubro lo interrelacionado que está todo, y como puedes aplicar tus conocimientos de óptica o mecánica en cualquier otro campo que no hubiese imaginado a priori. Vaya, que excepto hacerme rico (todo no puede ser) el balance de estos años de actividad no puede ser más que positivo.
Continuo en esta nueva etapa con mis planteamientos básicos. Telescopios en los que creo, diseño de accesorios, construcción de inventillos de todos los tamaños y complejidad, consejos y ayuda... Lo que haga falta para que esto no decaiga.
Ahí estamos. Ahí seguimos.

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